Como indicamos al anunciar esta
parte de CaminarJuntos hace unos días, estamos interesados en destacar
el papel de la mujer en el desarrollo de la Humanidad porque el mundo ha
sido permanente testigo del papel que han jugado, aunque muchas veces se
haya silenciado, por ello es bueno que tengamos conciencia de la
capacidad femenina.
Hace ya más de cincuenta años en el
pub "Eagle" de Cambridge, Inglaterra, se anunció el gran logro de la
ciencia en el siglo XX: el descubrimiento de la estructura helicoidal
del ADN, base del desarrollo de la biología molecular y del mapa del
genoma humano. Algunos años más tarde –1962- recibían el Premio Nóbel en
Fisiología o Medicina Maurice Wilkins, Francis Crick y James Watson.
Pero en ese momento se comprobaba como habían echado al olvido a la
mujer que permitió descubrir es minúscula escala retorcida que nos
permite ser cada uno. Rosalind Elsie Franklin.
Ella
había nacido en Londres en 1920 y que se convirtió en pionera de la
biotecnología molecular. Esta joven británica comenzó sus estudios en la
St. Paul para niñas, en su ciudad natal. Una escuela privada de nivel
académico sobresaliente. Su pasión fue la química por lo que llegaría a
enseñarla en Cambridge y más tarde saltar a P
aris
para dedicarse a la cristalografía –descripción de la forma de los
cuerpos al cristalizar- del carbón y del grafito. Rosalind consiguió
logros que dejaron las bases o una buena parte, de lo que hoy se conoce
como la tecnología de la fibra del carbono. John Randall, el director
del laboratorio de biofísica en el King`s College de Londres la contrató
en la primavera de 1950 y comenzó en el estudio de las primeras buenas
fotografías de difracción de rayos X a partir de fibras de ADN en forma
cristalina. En la Inglaterra de esa época las mujeres a menudo eran
discriminadas en ciencia y Rosalind lo fue, especialmente por su
compañero Maurice Wilkins, quien consiguió que no la dejaran ingresar a
la cafetería, para la comunidad de los profesores. Pero esta mujer que
era más bien delgada, de caminar enérgico y algo desgarbada, con ojos
inteligentes, de piel aceitunada y cabello grueso, oscuro y brillante,
que se vestía con sencillez, esmero y buen gusto. Para muchos era
encantadora; para otros femenina. Había quienes la definían como
apasionada en sus opiniones y argumentos, pero la mayoría coincidía en
su capacidad.
Esta mujer emprendedora de gran
capacidad no cejó en sus esfuerzos hasta que
distinguió dos formas de ADN, la forma B paracristalina y la forma A
cristalina. En busca de resultados trabajo arduamente
Su compañero
Wilkins los llevó a sus colegas Watson y Crick los trabajos de Rosalind
y así se llego a fijar la disposición del ADN. “Después de que
obtuvimos la estructura del ADN
llegue
a conocerla mejor - dijo Crick hace algunos años -. Nos hicimos muy
amigos y hasta venia a consultarme a menudo sobre asuntos de
cristalografía de rayos X. Ella y mi esposa se llevan bien pero, usted
sabe, es muy difícil establecer como era ella exactamente, yo solamente
la conocía como otro científico, realmente, y como a alguien que se
convierte en una especie de amigo familiar. Encontré que era una buena
Científica. Franklin había hecho una gran combinación con Aarón porque
este era muy eficiente, era realmente un teórico sólido y Rosalind un
verdadera experimentalista. Ella también era sólida, trabajaba duro,
sabia exactamente lo que tenia que hacer”.
Cuando en 1962 la Academia entregó
el Premio Nóbel. Rosalind había muerto hacia cuatro años victima de un
cáncer contraído por su permanente exposición a los Rayos X en sus
trabajos de investigación, y en un acto de discriminación injusta y
aberrante fue olvidada por quienes gracias a ella lograron el Premio y
por quienes lo otorgaron.